Ciertas cosas no cambian. De niño toleras tus recreos con tus pensamientos, igualmente al transformarte en maestro. El profesorado me ve con repugnancia. Los niños de primaria no ven “ cool ” dialogar con su “profe” de historia. Ni el espíritu navideño altera las tradiciones, en soledad como mi galleta de reno. No puedo recriminarlos, la cicatriz, que divide mi mejilla derecha como una coliflor hemorrágica no elegida en la tienda por sus deficiencias estéticas, es trabajosa de ignorar. Oigo lo que platican en otras mesas. Futbol, la nueva película de superhéroes, VTS (¿qué es eso?). Pese al bullicio del lugar, gritos irritantes y llantos vergonzosos, a mi izquierda algo secuestra mi interés: Santa Claus. — Le voy a pedir un Mimtendo Witch 2 . Niño iluso, Santa Claus no puede regalar algo que se renta. — ¿En serio crees eso? Santa no existe. Puta madre. Otro niño castrosito y no deseado que sabotea la inocencia ajena. ¿Y yo soy el que come solo? — ¡No es cierto! Tie...